Camboya, un poco de luz a cambio de sonrisas

10/10/2011
Por segunda vez, uno de nuestros equipos médicos se desplaza a Camboya en una iniciativa coordinada por el Instituto Oftalmológico Fernández-Vega y monseñor Enrique Figaredo.
 


Más de 450 sonrisas, tantas como pacientes se atendieron y gafas se entregaron para mejorar la calidad de vida de centenares de personas. Todo en un país en el que el sistema sanitario no puede subsanar la inmensa mayoría de las patologías oculares de sus ciudadanos.

Tras la primera expedición a Battambang, llevada a cabo en mayo de 2010 por un equipo del Instituto, un nuevo grupo se desplazó a Camboya en octubre de 2011 para continuar la importante colaboración de la institución asturiana con el sacerdote gijonés Kike Figaredo.

En palabras del equipo, se trata de una aportación que apenas supuso “un grano de arena a la gran labor que el sacerdote está desarrollando allí” desde hace más de un cuarto de siglo pero que, gracias al compromiso adquirido por el Instituto y la Fundación Fernández-Vega, se pudo llevar un poco más de luz a los miles de camboyanos con defectos de visión. Explican también que el impacto de la labor de Kike Figaredo en aquel lugar es “increíble” e incluye desde residencias de estudiantes, hasta colegios, pasando por tiendas o centros de salud. Insisten en que constituye “un oasis que impresiona en medio de tanta pobreza”.

En este caso, el grupo que se desplazó al país del sudeste asiático estaba formado por los doctores Beatriz Fernández-Vega y Javier Nicieza y la optometrista Silvia Peláez. Unos especialistas que, en apenas una semana, trataron casi medio millar de problemas refractivos, especialmente hipermetropías, presbicias y algunos queratoconos. Aunque también diagnosticaron varias cataratas hipermaduras en personas jóvenes y, sobre todo, gran cantidad de degeneraciones benignas de la conjuntiva que invaden la córnea, disminuyen la agudeza visual y producen astigmatismo.

Eran enormes y llegaban a invadir la parte central de la visión, pudiendo provocar incluso ceguera”, explica el Dr. Nicieza. Como solución, llevaron a cabo cinco cirugías de pterigion y trataron varias queratoconjuntivitis y alteraciones corneales por ojo seco. Todo ello ayudados por dos internos de la cárcel que, gracias a que dominaban el inglés, se convirtieron en traductores improvisados para comprobar la agudeza visual de los pacientes.

Por otra parte, en el marco de esta iniciativa solidaria se repartieron alrededor de 450 gafas procedentes de donaciones de ópticas y pacientes,  una práctica que la doctora Fernández-Vega valora como “muy importante, porque las gafas viejas pueden ser de gran utilidad” y añade que “en el Instituto hay varias urnas para aquellos que las quieran donar”.

La experiencia en Camboya para este equipo fue “muy enriquecedora”, ya que en medio de la pobreza ”más absoluta” vieron a la gente “feliz, con una sonrisa siempre en los labios y dando muchas muestras de cariño”, y se resume en dos días en una cárcel, otro en un templo budista y el resto en el centro de salud de Kike Figaredo al que estos especialistas piensan volver el año que viene, porque consideran que “aún queda mucho por hacer”. Tan sólo unos meses después, la tercera misión a Camboya empieza a gestarse, aunque no será inmediata porque hay muchas cosas que preparar. En este sentido, los doctores confiesan que quieren “introducir más cirugía de catarata” en un hospital de víctimas de guerra que tiene allí una ONG italiana  o incluso “habilitar en el centro de salud de Battambang una sala que pueda hacer las veces de quirófano, llevando el material que ya no se utiliza en el Instituto, incluyendo los láseres”.



 

 

 

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